•6 junio 2009 • Dejar un comentario

PIVIPLEURA

VIRUSNEUMO

NEUMON

NEUMONÍA

•6 junio 2009 • Dejar un comentario


¿QUÉ ES LA NEUMONÍA?

PULMÓN


La neumonía o pulmonía es la infección del parénquima pulmonar producida por un agente infeccioso. La puerta de entrada del agente infeccioso suele ser la vía aérea. Los síntomas característicos son malestar general, náuseas, vómitos y fiebre, aunque no siempre aparecen. Antes de la llegada de los antibióticos, la neumonía tenía resultados mortales, pero hoy es una enfermedad curable en la mayor parte de los casos. Muchos pacientes con neumonía son tratados por los médicos de cabecera y no se ingresan en los hospitales; esto es lo que se denomina Neumonía adquirida en la comunidad (NAC) o Extrahospitalaria. La Neumonía nosocomial (NN) es la que se adquiere durante la estancia hospitalaria después de las 48 horas del ingreso del paciente por otra causa.

La neumonía puede ser una enfermedad grave si no se detecta a tiempo y puede llegar a ser mortal, especialmente entre personas de edad avanzada y entre los inmunodeprimidos. En particular los pacientes de SIDA contraen frecuentemente la neumonía por Pneumocystis. Las personas con fibrosis quística tienen también un alto riesgo de padecer neumonía debido a que continuamente se acumula fluido en sus pulmones.

CAUSAS

•6 junio 2009 • Dejar un comentario


CAUSAS DE LA NEUMONÍA


La neumonía es una enfermedad común que afecta a millones de personas cada año en los Estados Unidos.

Las neumonías bacterianas tienden a ser las más graves y, en los adultos, son la causa más común de neumonía. La bacteria más común que causa neumonía en adultos es la Streptococcus pneumoniae (neumococo).

Los virus respiratorios son las causas más comunes de neumonía en los niños pequeños, alcanzando su pico máximo entre las edades de 2 y 3 años. En la edad escolar, la bacteria Mycoplasma pneumoniae se vuelve más común.

En algunas personas, particularmente los ancianos y las personas debilitadas, la neumonía bacteriana puede seguir a la influenza o incluso al resfriado común.

Las personas que tienen problemas para deglutir están en riesgo de sufrir neumonía por aspiración. En esta afección, los alimentos, los líquidos o la saliva ingresan accidentalmente en las vías respiratorias. Es más común en personas que hayan tenido un accidente cerebrovascular, enfermedad de Parkinson o cirugía previa de garganta.

VIDEO

•29 mayo 2009 • Dejar un comentario


SÍNTOMAS

• Fiebre, escalofríos y sudoración.
• Tos productiva, con expectoración mucosa, amarillenta, de color asalmonado, purulenta… (Según el MICROORGANISMO causante).
• Dolor torácico que aumenta al respirar y toser.
• Dolor de cabeza.
• Dolores musculares y articulares.
• Falta de apetito, debilidad y malestar general.
• Disnea (dificultad para respirar), en algunos casos.
• Estertores crepitantes a la auscultación pulmonar, en el área afectada.


Incubación
El período de incubación de la neumonía varía, dependiendo del tipo de virus o bacteria causantes de la infección. Algunos de los períodos de incubación más habituales son: virus sincitial respiratorio, de cuatro a seis días; influenza (gripe), de 18 a 72 horas.

Duración
Con tratamiento, la mayoría de los tipos de neumonía bacteriana se curan en un plazo de entre una y dos semanas. La neumonía vírica puede durar más. La neumonía provocada por Mycoplasma puede tardar de cuatro a seis semanas en curarse por completo.

Contagio
Los virus y bacterias que provocan la neumonía son contagiosos y se suelen encontrar en los fluidos y secreciones de la boca y de la nariz de una persona infectada. La enfermedad se puede contagiar cuando una persona infectada tose o estornuda cerca de otra persona, y también al compartir vasos, cubiertos y similares y al tocar pañuelos utilizados por una persona infectada.

Prevención
Existen vacunas para prevenir las infecciones por virus o bacterias que pueden provocar algunos tipos de neumonía.

Los niños suelen recibir vacunaciones sistemáticas contra la Haemophilus influenzae y la tos ferina (pertusis) a partir de los 2 meses de edad. (La vacuna de la tos ferina o pertusis es la “p” parte de la “triple” o DPT.) En la actualidad también se administra la vacuna contra el neumococo, una causa habitual de neumonía bacteriana.

Los niños con enfermedades crónicas, que corren mayor riesgo de desarrollar otros tipos de neumonía, pueden recibir vacunas adicionales o medicación potenciadora del sistema inmunitario. La vacuna antigripal, aunque es recomendable administrarla también a los niños sanos que tienen 6 meses a 19 años, se recomienda insistentemente a los niños con enfermedades crónicas, como los trastornos cardíacos crónicas, los trastornos pulmonares o el asma.

Los bebés prematuros, al estar en mayor situación de riesgo de desarrollar complicaciones graves, pueden recibir tratamientos que protegen temporalmente contra el virus sincitial respiratorio, que puede provocar neumonía en los niños pequeños.

A veces los pediatras administran antibióticos como medida profiláctica para prevenir la neumonía en niños que han estado expuestos a personas con determinados tipos de neumonía, como la tos ferina. Los niños con infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) también pueden recibir antibióticos como medida profiláctica para prevenir la neumonía provocada por Pneumocystis carinii.

En la actualidad también existen medicamentos antivirales, que se pueden utilizar para prevenir algunos tipos de neumonía de origen vírico o para atenuar sus síntomas.

Asimismo, en algunas áreas de alto riesgo, se hacen regularmente cribados anuales de tuberculosis, ya que la detección precoz de la tuberculosis permite prevenir la infección activa por tuberculosis, incluyendo la neumonía.

Por lo general, la neumonía no es contagiosa, pero los virus que infectan las vías respiratorias altas y que pueden provocar una neumonía sí lo son, de modo que lo mejor que usted puede hacer es mantener a su hijo alejado de las personas que tengan una infección de las vías respiratorias altas. Si algún miembro de su familia tiene una infección de nariz o garganta, mantenga sus vasos, cubiertos y platos separados de los del resto de la familia, y lávese las manos frecuentemente, sobre todo si manipula pañuelos usados.

Tratamiento profesional
Los médicos suelen hacer un diagnóstico de neumonía después de explorar a sus pacientes y de pedirles diversas pruebas. Para emitir un diagnóstico, pueden solicitar radiografías de tórax, análisis de sangre y a veces cultivos de bacterianos de las mucosidades o flemas producidas al toser.

En la mayoría de los casos, la neumonía se puede tratar con antibióticos orales administrados en la misma casa del niño, sin que sea necesario hospitalizarlo. El tipo concreto de antibiótico utilizado depende del tipo de neumonía.

Puede ser necesario hospitalizar a un niño para que reciba tratamiento si tiene una neumonía provocada por la tos ferina u otra neumonía bacteriana que cursa con fiebre alta y disnea (dificultad para respirar). También se le hospitalizará si necesita que le administren oxígeno, si tiene una infección de pulmón que puede haber pasado al torrente sanguíneo, si padece una enfermedad crónica que afecta al sistema inmunitario, si está vomitando tanto que no pueden medicarse por vía oral o si tiene episodios de neumonía recurrentes.

Tratamiento en casa
Si el pediatra de su hijo le ha recetado antibióticos para tratarle una neumonía bacteriana, déle al niño la medicación siguiendo al pie de la letra las indicaciones del pediatra y prolongue el tratamiento durante el período de tiempo que este le indique. Así ayudará a su hijo a recuperarse antes y reducirá las probabilidades de que contagie a otros miembros de la familia.

Cuando su hijo se encuentre mal, no le fuerce a comer, pero anímele a beber abundante líquido, sobre todo si tiene fiebre. Antes de administrar a su hijo un medicamento antitusígeno (para inhibir la tos), pregunte al pediatra si está indicado, ya que algunos fármacos antitusígenos impiden que los pulmones se limpien de mucosidades, lo que puede ser contraproducente en algunos tipos de neumonía.
Si su hijo tiene dolor torácico, pruebe a aplicarle una manta eléctrica o un paño caliente en el pecho. Póngale el termómetro por lo menos una vez por la mañana y otra por la tarde, y llame al pediatra cuando tenga 38º C o más si es un bebé de menos de seis 6 meses, o cuando tenga 39º C o más si es mayor.

Compruebe el color de las uñas de las manos y los labios de su hijo para asegurarse de que están rosados, no azulados o grises, lo que es un signo de que los pulmones del niño no están obteniendo suficiente oxígeno.

NeUmOnIa

 
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